El puritanismo que nos invade

En una sociedad que presume de no necesitar a Dios, la moral pública se vuelve agobiante. Una nueva inquisición con púlpito en las televisiones y redes sociales busca incansablemente herejes a los que ajusticiar en la plaza pública, en aplicarle autos de fe consistentes en la cancelación y criminalización de las personas, que deberán demostrar durante toda su vida su inocencia para volver a ser aceptadas en sociedad.

EDITORIAL CAMINANDO POR LA VIDA 2/9/2025

Astorga y Ponferrada fueron dos localidades leonesas que tuve la oportunidad de visitar con mi familia el pasado puente de la Virgen del 15 de agosto. El humo de los incendios nublaba Ponferrada durante ese fin de semana, la ceniza ensuciaba las mesas de las terrazas de los bares, el olor a humo una constante durante el día y la noche. Algunas personas deambulaban por las calles con mascarilla. Una ciudad repleta de visitantes para disfrutar de su imponente castillo y de algún interesante museo de la ciudad. La visita a las Médulas totalmente desaconsejada, era muy posible que la Guardia Civil no nos dejara pasar.

En la madrugada del sábado al domingo, el cielo regó a Ponferrada con unas pocas gotas de agua y un grito en la calle nos despertó, ¡gracias Dios mío! Porque ante la aparente calma de los lugareños se intuía una tensión en los semblantes, más que de miedo, de cabreo y decepción. De perplejidad ante lo que estaba ocurriendo. De como había personas que podían provocar esa desgracia, de como las administraciones públicas no transmitían ningún tipo de seguridad o tranquilidad ante la desgracia que allí estaba sucediendo, de gente que tenían que ser desalojada de sus casas y pueblos o de bomberos que perdían la vida luchando contra el avance del fuego.

¿Pero que nos esta pasando? Parece que nada funciona. Y que cuando ocurren este tipo de tragedias todos nos lanzamos los trastos a la cabeza señalando cabezas de turco a los que responsabilizar de las desgracias que suceden. Y ese griterío es el que nos impida el análisis sosegado que estas situaciones requieren para evitar que vuelvan a suceder en el futuro. Y si alguien se ha equivocado, reconocer el error y rectificar no lo debilita, sino que lo fortalece o eso debiera ser o esa ha sido nuestra forma de pensar hasta que este puritanismo que nos invade lo pudre todo a base de buscar culpables para quemar en la hoguera de la cancelación.

Esta nueva moral pública, este puritanismo que nos quieren imponer no entiende de redención, ni de perdón y mucho menos de propósito de la enmienda. Y es que los seres humanos nos equivocamos y lo honrado es reconocer cuando uno se ha equivocado, se pide perdón, se rectifica y con fuerzas renovadas vuelve uno a la acción con la fuerte intención de no volver a cometer los mismos errores. Esto hasta hora honraba a los seres humanos.

Pero con la nueva moral pública esto ya no es posible. Por eso ahora no se puede reconocer error alguno, sino que se ha de continuar erre que erre en el error hasta la derrota final. Porque si reconoces un error eres un pringado al que hay que cancelar, no por el error sino por reconocerlo. A eso algunos le llaman resistencia y lo ven como una virtud. ¡Manda huevos!.

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