Coherencia

Haced lo que digo y no lo que hago, es una idea que, de alguna u otra forma, viene expresándose con el correr de los siglos desde Sócrates, que la pronunciara antes de que le ajusticiaran con cicuta, allá por el 399 ADC, por corromper a la juventud. Pero es que el mundo que nos ha tocado vivir esta sobrado de palabras y falto de ejemplos. Ya no me importa lo que dices sino cuéntame lo que haces. Es verdad también que vivimos en una sociedad donde todo el mundo quiere aparentar y parecer que hacen, donde es muy habitual gestos demagógicos que sólo buscan el aplauso del respetable, pero que realmente no sirven a los fines que dice servir.

EDITORIAL CAMINANDO POR LA VIDA 30/9/2025

Hace ya muchos años, casi 18, me preguntaron que era lo más importante de mi vida y como un resorte contesté que la familia, y entonces me repreguntaron, ¿y cuánto tiempo dedicas a la familia ?. Y como tantas cosas en la vida, caí en la cuenta que una cosa es lo que pensamos y decimos y otra lo que hacemos, incluso inconscientemente a veces.

Que importante es esto de la coherencia. La falta de coherencia en temas importantes acaba afectando a nuestro propio equilibrio mental o psicológico. Salvo que seas un cara dura, un pícaro cínico, como el cura que presume de novio o el que se pira a Torremolinos a ponerse puo de droga y mariconeo. Unos golfos vividores de los que la Iglesia, eso sí con mucha misericordia, debiera desprenderse.

Porque se supone que a lo más importante de nuestra vida es a lo que tenemos que dedicar más tiempo y esfuerzo y en ese concreto momento de mi vida, cuando me preguntaron que era lo más importante de mi vida, no estaba claro que fuera la familia a lo que yo más tiempo y esfuerzo dedicaba.

Lo lógica es dedicar más tiempo a lo que más se aprecia y el resto del tiempo dedicarlo al resto de cosas de nuestra vida según la importancia o interés que tenga para nosotros. La familia requiere tiempo, el trabajo y los negocios, los amigos, las aficiones, el compromiso con nuestras ideas o visiones de la sociedad, con nuestra fe. Todo ello requiere tiempo y esfuerzo y hemos de decidir que tiempo dedicar a cada uno.

Hoy día todo el mundo esta deseando jubilarse, tener mucho tiempo libre y viajar, viajar cuando más lejos mejor. Si los políticos sacan al debate público la reducción de la jornada laboral es porque saben que ese discurso engancha a la mayoría. Hay gente tan ilusa que piensa que se puede trabajar menos y ganar lo mismo. Hombre se puede, pero alguien paga la diferencia. Ya sabes que no hay nada gratis en esta vida.

Estamos en una sociedad de desganaos, de gente sin ambición ni entusiasmo por construir un mejor futuro para si o para sus hijos. Que nada merece la pena, que cualquier esfuerzo es en balde. Vivimos frustrados.

Este espíritu hace que nos empobrezcamos, que en España nuestros niveles de productividad sigan siendo bajísimos. Que muchos compatriotas sólo aspiren a la paguita. Tenemos un gobierno que para presumir o sacar pecho lo hace del incremento de personas que cobran el ingreso mínimo vital cuando lo lógico sería lo contrario, presumir de la reducción de personas que cobran este ingreso mínimo vital porque no lo necesitan porque han prosperado en la vida y han podido sacar adelante sus familias sin la ayuda del estado.

Este espíritu si no lo remontamos acabará con nuestra libertad, nuestra prosperidad y por supuesto colapsará el llamado “estado del bienestar” y acabará con las sociedades occidentales tal y como las conocemos. Pero, ¿quién le pone el cascabel a este gato?

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